Hōichi el desorejado | Mimi-nashi Hōichi

hoichi

¡Bienvenidos amantes del folclore japonés!

¡日本の民話を愛する皆さん、ようこそ!

Hōichi el desorejado | Mimi-nashi Hōichi | 耳なし芳一, es una de nuestras historias preferidas del folclore japonés , de esas que nunca pasan de moda. Una vez la conozcas te darás cuenta de su peculiaridad y cierto toque terrorífico-dramático. Además es una de las más conocidas en Japón y seguramente 8 de cada 10 habrán oído hablar de ella.
Esta historia nos llegó de la mano del escritor y traductor británico Lafcadio Hearn, también conocido como Koizumi Yakumo (小泉八雲) , traduciendo en su mayoría historias populares del folclore japonés de la época y haciéndolo llegar hasta Occidente, por lo fue una influencia más que reconocida en Japón. Ya os daremos más detalles sobre él más abajo de este mismo post.

Lo curioso de esta historia que no encontramos en las demás, es ese toque espeluznante mezclado con sentimientos de tristeza o melancolía que reflejan en un hecho verídico del pasado en la historia de Japón.
Desde el punto de vista de un niño pequeño que escuche por primera vez esta historia, puede ser un poco chocante, por decirlo de alguna manera, pero desde el punto de vista de un adulto que conozca el contexto de los hechos del pasado que narra nuestro protagonista, pueda hallar esos sentimientos de tristeza que entraña esta historia. Sin duda os la recomendamos e intentaremos daros todos los datos posibles para que podáis entender a la perfección estos sentimientos que comentamos.

Hablaremos sobre fantasmas, recorreremos una parte crucial en la historia que marcaron un antes y un después en el gobierno de Japón. Finalmente comentar que además tenemos el plus añadido de poder visitar el mismo templo donde suceden los hechos que vamos a narrar. ¿A qué esperamos? ¡Comencemos!

"La habilidad del monje tocando el biwa era tan magnifica que hasta los espíritus deseaban escucharle tocar"

Hōichi el desorejado | 耳なし芳一

Según la leyenda, hace mucho, mucho tiempo, existió un monje que vivía en el templo Amida-ji. Era un joven de origen bastante pobre que estaba a cargo de un amigo y  sacerdote de aquel lugar. El sacerdote le brindaba de una educación y un lugar donde dormir a lo largo de los años.
El monje, protagonista de nuestra historia, se llamaba
Hōichi, y se trataba de un bardo ciego, un oficio común para los que nacían con esa índole por aquella época.
Hōichi disponía de todas sus fuerzas en mejorar cada día sus habilidades como trovador cuando tocaba el biwa (instrumento musical de madera tradicional japonés, similar al laúd).
Resultó que era realmente habilidoso y no tardó en superar a sus maestros. La forma en la que tocaba el biwa no dejaban parangón alguno. Era capaz de hacer llorar a sus oyentes por su gran capacidad para trasmitir los sentimientos de los personajes de sus trágicas historias, sobre todo cuando tocaba y narraba la guerra de Genpei, la famosa batalla de Dan no ura, donde describía la caída del emperador Antoku, líder del clan Heike (o Taira) ante su clan rival los Genji (o Minamoto).

Una noche, mientras Hōichi practicaba en soledad con su biwa en el portón del templo, se percató del sonido de unos pesados pasos de armadura que se acercaban muy lentamente hacia donde se encontraba. El extraño visitante llamó al monje repetidas veces por lo que Hōichi, sobresaltado por no poder ver a su extraño invitado, le pidió que se identificase.
El guerrero de oscura armadura que se hallaba frente al monje, le contó que se trataba de un fiel siervo enviado por su señor, un poderoso y adinerado noble que se hospedaba en las cercanías. Dicho noble había escuchado de las extraordinarias habilidades del monje tocando su biwa y deseaba invitarlo a su mansión para verificar de primera mano sus habilidades.
Hōichi se sintió sumamente honrado y aceptó encantado la invitación del guerrero para tocar ante tal poderoso y noble señor.
Se dejó guiar por el supuesto samurái  hasta la mansión donde se hospedaba su amo y la corte. El monje se quedó extrañado por lo cerca que se encontraba la lujosa morada del noble con respecto al templo. Nunca antes había sabido de la existencia de tal señor por aquel lugar.

Una vez dentro, Hōichi fue más que bien recibido por sus anfitriones. El joven noble que tenía en frente apenas era un niño; la dama que tenía al lado era la que hablaba por él. Preguntaron acerca de las habilidades del monje y si realmente era tan extraordinarias como se contaba. Hōichi no se regodeó en su ego y humildemente se dedicó a explicar acerca de sus orígenes. Había nacido ciego y había sido instruido por el sacerdote en su arte como trovador. Era felicitado por los demás monjes y viajeros cuando le escuchaban tocar el biwa, llegando a ser alabado por su amigo sacerdote por tales habilidades -al parecer- únicas que poseía. Eso bastó para convencer al noble. Le pidieron específicamente que relatara la historia de la caída del clan Heike, y así lo hizo el monje. Mientras comenzaba a recitar la historia, tocaba el biwa con gran maestría dejando a sus invitados en el más absoluto silencio, absortos en cada palabra que salía de la boca de Hōichi, que se desenvolvía con maestría, transportándolos a su triste historia.

Tras terminar su relato, fue fervientemente felicitado por su público que, totalmente entregados en lágrimas, habían cubierto al monje de halagos y de dicha.
El noble le pidió al monje que volviera a tocar para ellos la misma historia, otras 6 noches antes de su partida de vuelta a su hogar. Así mismo, le pidió que no le hablara a nadie sobre ellos, ya que estaban en un viaje de incógnito y peregrinación, por lo que no deseaban ser molestados ni encontrados. Hōichi volvió a aceptar y prometió no revelar absolutamente nada acerca de su nuevo trabajo como trovador personal de aquel misterioso noble.

Los días se fueron sucediendo y cada noche Hōichi recibía la visita del guerrero de oscura armadura que venía a buscarlo puntual, para llevarlo a la casa de su señor donde siempre le pedían que recitara el mismo tema: la batalla de Dan no Ura. No era de extrañar que al llegar el alba, el pobre monje acabara exhausto por pasarse las noches en vela recitando su epopeya para la corte de aquel noble.
Fue entonces cuando  comenzaron los demás monjes y el propio sacerdote del templo a percatarse del agotamiento y el malestar físico del propio Hōichi. Con cada día que pasaba, el monje estaba cada vez más débil y poco a poco no era capaz de levantarse a su hora para cosas tan simples como comer o ir a rezar.
Una tarde, el sacerdote y buen amigo suyo le hizo llamar. Deseaba preguntarle directamente a Hōichi a qué se debía tanto agotamiento y por qué abandonaba las proximidades del templo en mitad de la noche. Pero Hōichi, fiel a la promesa que había hecho con aquel noble y al no poder mentirle debido a sus creencias religiosas, simplemente se mantuvo callado.
El sacerdote, preocupado por el bienestar de su buen amigo, decidió mandar en secreto a otros monjes a cuidar de él cuando cayese la noche.

Horas más tarde de esa misma noche, una terrible lluvia azotaba la ciudad pero Hōichi se encontraba fiel, sentado cerca del portón principal del templo, esperando pacientemente a que el guerrero viniera a buscarlo. Como era habitual, éste apareció con su acostumbrado sonido de pesada armadura, aproximándose lentamente hacia él y llamándolo en repetidas ocasiones. El monje se puso en pie, dispuesto a dejarse guiar nuevamente por el guerrero hasta la lujosa propiedad del noble.

Mientras tanto, dos monjes que habían sido mandados para vigilar el templo y al propio Hōichi , caminaban por los alrededores haciendo su guardia habitual. Ambos se percataron a tiempo de que el monje estaba abandonando el templo con aquel terrible tiempo, por lo que decidieron seguirlo. A pesar de estar a una distancia prudente, a causa de la oscuridad de la noche y las dificultades que les ponía la propia naturaleza, perdieron al monje de vista en los jardines exteriores de las cercanías del templo.
Fue gracias al sonido del biwa que ambos guardianes consiguieron hallar a Hōichi. Lo que vieron los dos monjes tras encontrar a su objetivo les dejó totalmente perplejos.
Hōichi  estaba en medio de un antiguo cementerio en honor a los caídos del clan Heike que murieron ahogados en el mar. Estaba sentado en el suelo, lleno de barro, totalmente concentrado tocando su biwa, como si el frío y la lluvia no importaran en absoluto. Alrededor del él habían fuegos fatuos volando, eran las almas del clan Heike que no habían podido encontrar la paz.
Los dos monjes preocupados e inquietos por lo que veían, consiguieron reunir el valor suficiente y fueron al rescate de Hōichi. Lo agarraron de ambos brazos y se lo llevaron de vuelta al templo lo más rápido posible.

El sacerdote, al enterarse de todo aquella misma mañana, decidió volver a hablar con Hōichi seriamente. Le explicaron al bardo ciego la realidad de todo lo acontecido la noche anterior, ya que a causa de su ceguera no era consciente de lo que ocurría en realidad. También le dejó en claro el sacerdote al monje, que de haber seguido tocando aquella noche, muy posiblemente su alma habría sido atrapada por aquellos espíritus malignos que no conseguían hallar la paz, obligándole a permanecer con ellos eternamente.

Hoy sería el último día que el monje prometió tocar para la corte. Fue entonces cuando decidieron que Hōichi  no debería volver más a aquel lugar. Debía evitar a toda costa que el guerrero se lo llevara a la tumba del clan Heike.
La determinación del sacerdote fue absoluta, quería salvar el alma de su amigo por lo que comenzó a preparar un ritual para proteger el alma de Hōichi. Junto con otro sacerdote, comenzaron a recitar varios mantras y a escribir sutras con tinta en todo el cuerpo del monje. Según el sacerdote, eso evitaría que el espíritu del samurái pudiera encontrarlo y así podrían salvar el alma del monje.
Una vez terminados todos los preparativos, Hōichi tenía todo el cuerpo lleno de sutras. Se vistió con sus ropajes habituales de monje y esperó como siempre en el portón al caer la noche. Dejó su biwa frente a él, sentado en pose de meditación, cerró los ojos manteniéndose en el más absoluto silencio. El sacerdote antes de irse le prometió a Hōichi que volvería a primera hora del alba. Mientras tanto le ordenó a su querido amigo, el cuál se hallaba en peligro, que para que el guerrero no le encontrara no podía emitir ni una sola palabra,ya que si no, su voz le delataría y podría ser capturado.
Hōichi asintió y puso todas sus fuerzas en centrarse en meditar en silencio, como siempre con una gran dedicación y voluntad de hierro.

Al contárselo todo al sacerdote aquella misma mañana, éste decidió volver a hablar con Hōichi. Le explicó la realidad de todo lo sucedido, ya que a causa de su ceguera no era consciente de lo que ocurría en realidad, también le dejó en claro; que de haber seguido tocando aquella noche, muy posiblemente su alma habría sido atrapada por aquellos espíritus que no conseguían hallar la paz, obligándole a permanecer con ellos eternamente. Hoy sería el último día que el monje prometió tocar para la corte, fue entonces cuando decidieron que Hōichi  no debería volver más a aquel lugar, debía evitar a toda costa que el guerrero se lo llevara a la tumba del clan Heike. La determinación del sacerdote fue absoluta, quería salvar el alma de su amigo por lo que comenzó a preparar un ritual para proteger el alma de Hōichi. Junto con otro sacerdote, comenzaron a recitar varios mantras y a escribir sutras con tinta en todo el cuerpo del monje. Según el sacerdote, eso evitaría que el espíritu del samurái pudiera encontrarlo y así podrían salvar el alma del monje. Una vez terminados todos los preparativos Hōichi tenía todo el cuerpo lleno de sutras. Se vistió con sus ropajes habituales de monje y esperó en el portón al caer la noche, como siempre, dejando su biwa en frente de él mientras sentado, ponía pose de meditación, cerró los ojos y se mantenía callado. El sacerdote antes de irse le prometió a Hōichi que volvería a primera hora del alba, mientras tanto le ordenó al monje que para que el guerrero no le encontrara no podía emitir ni una sola palabra, ya que sino, su voz le delataría y podría ser capturado. Hōichi asintió y puso todas sus fuerzas en centrarse en meditar en silencio, como siempre con una gran dedicación y voluntad de hierro.

Esa noche como de costumbre, el guerrero volvió al templo a por el monje. Poco a poco se escuchaban sus pasos acercándose hacia al templo. Llamó en repetidas ocasiones a Hōichi, pero éste no le respondía. Se mantenía en su postura de meditación, absorto y concentrado. El guerrero caminó sobre el portón buscando al monje, pero no le encontró. Solo veía dos orejas flotando en el aire frente al biwa que pertenecía a Hōichi. Así es, los sacerdotes habían olvidado completamente proteger las orejas del monje con los sutras. Fue entonces cuando el guerrero enfurecido, por no poder ver y tocar al monje, se dispuso a llevarle a su señor lo único que podía conseguirle, las orejas. Sujetó fuertemente las orejas del monje y finalmente las arrancó. Habiendo conseguido lo que quería, una prueba para llevarle a su señor, el guerrero dándose por satisfecho abandonó el templo con su botín … ​

El pobre Hōichi se había quedado sin orejas, y de donde estaban éstas ahora se desangraba poco a poco, pero tal y como había prometido, no se movió del lugar y no habló con el guerrero. Esperaría al sacerdote tal y como habían acordado.
Al llegar el alba, el sacerdote regresó. Nada más llegar a la entrada del templo podía ver un rastro de sangre que iba hacia los jardines, seguramente era a causa del botín que se había llevado el samurái. Varios monjes siguieron el rastro hacia el jardín mientras el sacerdote se apresuró a seguir el rastro hacia el otro sentido que llevaba al templo. Fue allí donde encontró al pobre Hōichi desmayado en el suelo a causa de las heridas. Lo llevaron rápidamente a un medico para que lo atendieran.

Pasaron varios meses y Hōichi se fue recuperando de sus heridas. Había perdido las orejas pero no la vida. A partir de aquel día los monjes y sacerdotes siguieron haciendo rituales budistas para calmar a las almas del Clan Heike y evitar que volvieran a corromperse.

Con el tiempo la historia de lo sucedido en el templo llegó a oídos de todos, nobles y apoderados. En todos los rincones ya se escuchaba la historia de Hōichi el desorejado. Se convirtió en un monje bien conocido y famoso, muchos nobles y curiosos se acercaban al templo para escucharle tocar, esas habilidades que habían atraído hasta a los mismísimos espíritus…

-終わり-

(おわり) -Fin-

• Ubicación real del templo Akama •

Nos ubicamos, cómo no, en Japón, en la isla de Honshū, justo en la prefectura de Yamaguchi, actualmente una de las principales ciudades puerto-pesqueras del país.

La ciudad de Shimonoseki (fue conocida antaño como Akamagaseki, apodada Bakan).

El templo de la historia, era conocido como Amidaji y se dedicaba a la religión budista consagrando a Amida Budha, pero hoy en día se le conoce como el Santuario Akama-jingu de religión sintoísta dedicado al Emperador niño Antoku.

Lo que más nos impresiona de la arquitectura de este santuario, es sin duda la espectacular entrada, Suitenmon, que se alza con el contraste del blanco a un color bermellón vivo precioso.
Este diseño tan peculiar es para recordaros la promesa que le hizo la abuela al propio emperador de que éste podría reinar en el castillo que se encontraba bajo las aguas, en el palacio de Ryūjin, el Rey Dragón del mar, por lo que se intentaba recrear tal palacio en este santuario.

Podremos encontrar un museo donde encontraremos objetos que nos hablarán más acerca del clan Heike así como en el jardín hallaremos las tumbas que se hacen mención en la historia.

Entrada al Templo Entrada al Museo Heike Cómo llegar al templo Web oficial y dirección

 (0 ¥)
Gratuita

100 ¥
Por persona.

Desde la Línea JR Sanyo  a 
10 minutos con el autobús desde
la estación Shimonoseki下関駅)
..

También se puede tomar el
JR Sanyo Shinkansen a la estación Shin-Shimonoseki (新下関駅)
 
y desde allí son 20 minutos en autobús.

La batalla de Dan-no-ura 壇 の 浦 の 戦 い

Al amanecer del 25 de Marzo del año 1 de la era Genryaku (1185). Fue cuando los clanes Genji y Heike tuvieron su última y decisiva batalla naval conocida como la batalla de Dan no ura, en el canal de Shimonoseki.
El Clan Genji contaba con la ventaja de tener a varios aliados frente a los Heike, que solo disponían de la única fuerza de su clan. Así pues los Genji y sus aliados crearon una poderosa armada y dispusieron de brillantes estrategias bélicas causando que el clan Heike tuviese que dirigir sus últimas fuerzas en una batalla naval por la supervivencia de los miembros del Clan.
La marea y sus cambios favoreció gratamente al clan Heike en un principio, pero, la naturaleza era tan caprichosa que pronto se volvió en su contra, beneficiando al clan enemigo que no tardó en oponerse y rodear a los Heike, impidiendo que pudieran desembarcar en la orilla o retirarse por alta mar.
El ejercito de Genji o Minamoto estaba liderado por, Minamoto no Yoshitsune (源 義経), por otro lado, quien estaba al mando del clan Taira o Heike era la abuela del emperador Antoku, ya que éste era aún un niño pequeño e inocente totalmente desconocedor de los deberes como Emperador o de cómo librar batallas o emplear estrategias.
La abuela del emperador Antoku, Ni Dono, la viuda Taira no Kiyomori, al ver que la batalla se encontraba cerca de su desenlace final, prefirió por orgullo del clan, elegir su propio fin y el de los suyos antes de que lo hicieran sus enemigos.
Cogió al inocente emperador en brazos y le contó que podría reinar en el castillo que se encontraba bajo las aguas, donde ningún enemigo podría hacerle daño. Ambos cayeron a las embravecidas aguas junto con el resto de su fiel corte…

El exterminio del clan Taira y sus supervivientes tras esta batalla supone el final del período Heian y el comienzo del período del shogunato del período Kamakura.

“Los poderosos también declinan, como el sueño fugaz de una noche de primavera, y no son, en suma, más que polvo en el viento.”

Este fragmento es un extracto del inicio del clásico de la literatura clásica japonesa "El cantar del Heike, Heike Monogatari (平家物語)".Esta obra trata sobre las guerras Genpei, consta de doce libros y un epílogo escritos el siglo XIII donde nos narran la rivalidad y la lucha por el poder que en el último tercio del siglo anterior había enfrentado a dos clanes militares, los Genji (o Minamoto) y los Heike (o Taira). Como nos enseña en la religión budista, nada es eterno, nada permanece.

Clan "Genji" o "Minamoto"

El clan Minamoto (源) también conocido como el clan Genji (源氏) debido a que usaban la pronunciación de manera alternativa de los diferentes caracteres chinos para denominar Minamoto «gen» y familia o clan «ji».
Fue sin duda uno de los cuatro clanes más grandes que estuvieron dominando la política de Japón durante la era Heian y fue el vencedor de la famosa batalla naval de Dan-no-Ura frente al clan Taira o Heike.

Clan "Heike" o "Taira"

El clan Taira o Heike era un nombre de clan hereditario concedido por los emperadores del período Heian a ciertos de los exmiembros de la familia imperial. Este clan Taira a menudo es mencionado como Heishi (平氏?) o Heike (平家), usando la lectura china del carácter para Taira o Hira (平), hei. (Clan es «Shi». Familia es «ke».)
El emperador Antoku se trataba nada más y nada menos que de un niño, no le quedó de otra que aceptar su destino ascendiendo al trono debido a la abdicación e inesperada muerte posterior de su padre.
Su abuela Ni-Dono, la viuda de Kiyomori era la persona más cerca que tenía a su cuidado y la que lo convenció de cometer suicidio antes que dejar que el clan enemigo lo asesinara.
Mencionar que el comandante en jefe  a cargo del clan Taira fue; Taira no Munemori.

Lafcadio Hearn | Koizumo Yakumo | 小泉八雲

Tenemos que hacer mención, a la persona que ayudó a divulgar estas historias del folclore japonés y ese es el profesor y escritor irlandés Lafcadio Hearn/ Koizumi Yakumo. Tras trabajar como editor y redactor de varias revistas y periódicos, el destino de Lafcadio le trajo hasta Japón donde trabajaba como traductor y redactor para una revista occidental, además de ser profesor en la ciudad de Matsue. Una vez se casado y asentado en tierras niponas se fue interesando más en la cultura folclórica del país, algo que para occidente era totalmente desconocido, por lo que se puso manos a la obra y comenzó a redactar y traducir las historias que encontraba para poder hacerlas llegar al público extranjero.
Su obra más conocida es sin duda la llamada «Kwaidan: Stories and Studies of Strange Things (1903)/ Kwaidan: Cuentos fantásticos del Japón»
Gracias a él, occidente tuvo la ocasión de llegar a conocer parte de la cultura japonesa.

  • Podemos encontrar su estatua en el parque conmemorativo «Lafcadio Hearn» en Okubo, Shinjuku.
  • Encontraremos otra referencia de él en la ciudad de Matsue, frente al Museo conmemorativo que hicieron en su honor muy cerca de la casa que fue su primera residencia, allí encontraremos muchísima más información acerca de él, sus obras y su estilo de vida.

"Kwaidan" La película

La obra de Lafcadio Hearn con el tiempo fue más que conocida, no era de extrañar que acabara saliendo su obra en la gran pantalla. La obra cinematográfica de «Kwaidan» vino de la mano del director Masaki Kobayashi en 1964, con una recopilación de 4 historias inspiradas en los relatos de Lafcadio Hearn.

«El pelo negro», relato que abre la película, es una adaptación del cuento «La reconciliación«, incluido en el volumen «Shadowings« publicado por Hearn en 1900.

«La mujer de las nieve» está incluido en el libro «Kwaidan: stories and studies of strange things», publicado en 1903. Inspirado en la figura del espíritu de la nieve, Yuki-onna.

«Hoichi, el hombre sin orejas»

«En una taza de té», presente en el libro «Kottō: being japanese curious, with sundry cobwebs«, de 1902.

- Curiosidades -

  • Con los años el templo se demolió y remodeló, pasando a ser de nuevos orígenes religiosos. Se transformó un templo budista en un santuario sintoísta, en honor a los caídos del clan Heike y al Emperador Antoku.
  • A lo largo de lo que fue el período Kamakuma se desarrolló el género musical del biwa, basado en el «Heike monogatari».
  • Era común que los niños ciegos que nacían bajo la protección de los monjes y sacerdotes budistas tuvieran el oficio de trovadores biwa.
  • El clan Heike fue traicionado por su general  Taguchi Shigeoshi, revelando al clan rival, los Minamoto, donde se encontraba el barco del emperador.
  • La abuela del Emperador Antoku antes de caer a las aguas le prometió que podría continuar su reinado en un palacio bajo el mar en su nueva vida.
    ¿Os suena esa historia de un palacio submarino?
    Se refiere al famoso Palacio del Rey Dragón, esto pertenece a una historia o cuento folclórico de origen chino que cuenta que una deidad que vive bajo el mar tiene la habilidad de adquirir la forma humana y controlar las mareas, el cual vive en un palacio de cristal bajo el agua donde tiene miles de sirvientes.
  • Los supervivientes del clan Heike fueron perseguidos y asesinados por el clan rival.
  • ¿Por qué las almas del Clan Heike no descansaron en paz?
    La religión budista, en la que se basa las creencias del protagonista de nuestra historia, no ve la muerte como el fin de la vida, sino como una transición. A nivel popular, el deseo de «dejar este sucio mundo y acercarse a la Tierra Pura» (Enri edo, gongu jôdo) era un pensamiento habitual en aquella época. En el caso de clan Heike, se suicidaron esperando algo mejor en el más allá, pero, llevaban consigo sentimientos impuros como el odio, la ira, la pena o la venganza. Sus cuerpos tampoco fueron encontrados y correctamente enterrados para desearles el descanso eterno por lo que, se creía que sus almas quedaron vagando en la tierra esperando el consuelo de saciar sus últimos deseos que tuvieron en vida.
  • Se cuenta que existe una raza de cangrejos con caras humanas que son común de la zona que tienen una anomalía en el dibujo de sus caparazones. De ahí comenzaron los rumores acerca de que los cangrejos al haberse alimentado de los cuerpos del clan Heike que descansaban en el fondo del mar habían absorbido parte de sus almas y éstas se dibujaban en el caparazón e dichos cangrejos.La gente por miedo a que las almas en pena del Clan Heike pudieran hacerles algún mal provocó que dejaran de consumir esos cangrejos tan especiales que presentaran dibujos de caras humanas en el caparazón.
  • Tras la batalla de Dan No Ura, la política japonesa pasaría de los aristócratas a la política samurai por parte del Shogunato.
  • En el «Heike Monogatari» se cuenta, que la abuela del emperador, Taira no Munemori, portaba con ella aquel día las famosas 3 reliquias imperiales (La espada, la gema y el espejo), y que la dama que las portaba antes de saltar se llevó dos consigo (no se ha concretado cual de las 3 fueron con exactitud). Hay  varias conjeturas con respecto a esto, sobre si realmente desaparecieron todas o partes de las reliquias, desde la opinión de que fueron finalmente encontradas por los buceadores o hasta que las que estaban, como por ejemplo la Espada (que se encuentra en el templo Atsuta) pudiesen ser una mera réplica.
  • El emperador Antoku es venerado en Fukuoka como «el dios de las aguas«
  • Se cuenta que la madre del emperador Antoku, Taira no Tokuko, conocida con el título de la emperatriz Kenreimon In, a pesar de haber tomado la decisión de cometer suicidio junto a su hijo y el resto de la corte, fue milagrosamente salvada. Se cuenta que paso el resto de sus días convertida en una monja budista, llevando a cabo los ritos funerarios para honrar la memoria de su difunto hijo, en el templo Jakko de Ohara a los pies del monte Hiei. A día de hoy en ese templo podremos encontrar imágenes sagradas y una estatua que representa a la emperatriz junto a una de sus damas.
Valoración General:
5/5

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